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Deseos prohibidos a la sombra del encaje

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Capítulo 1: El regreso a mí misma

Acabo de volver a la habitación, y en el aire aún flota el aroma del perfume mezclado con el sudor y el deseo. Mi corazón late deprisa mientras cierro la puerta tras de mí, dejando al otro lado del umbral los últimos restos de luz del día. En el silencio de la noche me siento más desnuda que nunca.

Todavía llevo puesta esa lencería negra de encaje que excita más la imaginación de lo que oculta. Las delicadas fibras se adhieren a mi piel, recordándome el contacto de sus manos, cada roce que dejó una huella en mi cuerpo y en mi mente.

El vestido acabó en el suelo hace ya mucho, abandonado como una carga innecesaria. Ahora estoy frente al espejo, contemplando mi reflejo: marcas rojas de pintalabios en el cuello, el pelo despeinado y los ojos brillantes, llenos de deseos inexpresados. Soy una mujer que acaba de experimentar algo prohibido, algo que me cambia para siempre.

Capítulo 2: Juego de sombras y deseos

Me acurruco entre la suave ropa de cama de la gran cama, y las sábanas de satén refrescan mi piel ardiente. Cierro los ojos y vuelvo con el pensamiento a la velada: a sus labios en mi cuello, a sus manos recorriendo mi cuerpo con una ternura impaciente.

Siento cómo el encaje me araña suavemente el vientre, recordándome cada uno de sus toques. Deseo volver a sentirlo, pero sé que es imposible. No solo estamos separados por la distancia física, sino también por unos límites que no nos está permitido cruzar.

Mis dedos se deslizan involuntariamente hacia mis pechos, y bajo mis párpados aparece la imagen de su rostro: una sonrisa llena de secretos, una mirada que decía más que las palabras. ¿Era amor? ¿O quizá solo deseo, acallando la razón?

Capítulo 3: Fantasías nocturnas

En la oscuridad de la noche, mi imaginación se convierte en mi única compañera. Permanezco inmóvil, escuchando los sonidos de la ciudad al otro lado de la ventana, pero mis pensamientos giran únicamente en torno a él.

Me imagino cómo sus manos vuelven a tocarme: movimientos lentos, llenos de adoración, que hacen que mi cuerpo tiemble de placer. Siento cómo el encaje se vuelve más pesado bajo el influjo de mi respiración, mientras mi corazón late cada vez más deprisa.

De pronto me invade una oleada de deseo tan intensa que empiezo a mover las caderas, buscando alivio. Mis dedos se aferran a la sábana, y mi respiración se vuelve superficial y entrecortada. Ya no es solo un recuerdo: es un deseo que exige ser satisfecho.

Capítulo 4: Límites y prohibiciones

Pero sé que no puedo ceder. Estoy ligada a unas promesas que no soy capaz de romper, aunque mi cuerpo se rebele contra la razón.

Me levanto de la cama y me acerco a la ventana para mirar la calle vacía. La luna ilumina el adoquinado, y su resplandor se refleja en mis lágrimas: lágrimas de frustración y de añoranza por aquello que no puedo tener.

¿De verdad fue solo pasión? ¿O quizá algo más? ¿Seré capaz algún día de olvidar aquellos momentos en los que me sentía tan viva y deseada?

Capítulo 5: La decisión

Al final tomo una decisión. No puedo seguir huyendo de la verdad: lo deseo, pero también debo protegerme y proteger mis compromisos.

Me quito la lencería de encaje y la meto en el cajón, como si fuera el símbolo de algo que debo dejar atrás. Me acuesto desnuda, esperando que el sueño me proporcione alivio.

Pero sé que esto no ha hecho más que empezar. Mi corazón y mi cuerpo recordarán, y los deseos no desaparecerán tan fácilmente.

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