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La fiebre del veneno y la locura sensual (The Feverish Release)

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Deseos sensuales

 

Lena temblaba, sintiendo un dolor palpitante en la mano izquierda. Un fino hilo de sangre descendía por su antebrazo, mezclándose con las gotas de veneno de serpiente sobre la placa de vidrio. A través del cristal empañado del laboratorio distinguió la silueta de Marek, de pie en la puerta; su figura oscura se recortaba contra la pálida noche iluminada por la luna.

—Un accidente… —susurró, tratando de ignorar la oleada de calor que se extendía por su cuerpo.

Marek se acercó despacio; sus zapatos chirriaban sobre el suelo estéril. —Deberías desinfectarlo —dijo en voz baja, inclinándose sobre su mano.

Lena percibió el aroma de su colonia: una fragancia intensa y amaderada que se mezclaba con el olor del formol. Sus dedos apartaron suavemente el puño de la bata, dejando al descubierto la herida. Durante un instante se miraron a los ojos: los de él eran oscuros como un abismo; sus pupilas dilatadas brillaban febrilmente.

«Cumple tus fantasías más secretas», pensó de pronto, sintiendo un cosquilleo en lugares que él ni siquiera había tocado. Encuentra una pareja para compartir secretos

Marek sacó del bolsillo de su bata un pequeño frasco de antídoto. Cuando aplicó el algodón sobre la herida, sus largos dedos rozaron su muñeca. Lena contuvo la respiración.

—Solo es superficial —murmuró, pero no retiró la mano. Sentía el calor que irradiaba su piel, como si el veneno se estuviera extendiendo ahora por su sistema nervioso.

De repente, el laboratorio le pareció sofocante; el aire estaba cargado de tensión. Lena pensó en una leyenda familiar: «Veneno en las venas, deseo en el corazón». ¿Era solo una metáfora?

Marek levantó lentamente su mano, examinando la herida. Su pulgar se deslizó por la parte interior de su muñeca, provocándole un estremecimiento. —Tal vez… ¿deberíamos interrumpir el experimento? —propuso con voz grave.

Lena negó con la cabeza, sintiendo la sequedad en la boca. El veneno actuaba más deprisa de lo que esperaba: su respiración se aceleró y su corazón latía desbocado.

«Esto no es una reacción alérgica normal», pensó cuando Marek se inclinó más cerca. Su aliento le rozó la mejilla. Sintió cómo la adrenalina se mezclaba con el deseo.

—Ven —dijo en voz baja, tomándola de la mano y conduciéndola hacia el sofá que había en un rincón del laboratorio. Su tacto quemaba a través de los guantes de látex.

Cuando se sentaron, Lena sintió cómo crecía la tensión entre ellos. Marek se quitó las gafas protectoras, dejando al descubierto su mirada intensa. Su mano se deslizó lentamente por su muslo, oculto bajo la bata.

—Es arriesgado —susurró, pero no se apartó.

Marek sonrió levemente. —Como todo tu proyecto.

Traspasar los límites

Lena sentía que el corazón le golpeaba el pecho como un martillo cuando Marek apartó suavemente las solapas de su bata de laboratorio. La luz de la luna que entraba por la ventana del laboratorio proyectaba largas sombras sobre sus siluetas entrelazadas. Sus dedos, que aún olían a formol y deseo, recorrían su piel desnuda, provocando una oleada de calor que se extendía desde el cuello hasta los lomos.

«Esto es una locura», pensó, pero no tenía fuerzas para resistirse. El veneno de serpiente circulaba por sus venas, mezclándose con la adrenalina y la pasión, creando una mezcla explosiva.

Marek se inclinó sobre ella; su aliento le rozó la oreja. —¿De verdad… quieres esto? —susurró, y su voz era como seda sobre la piel ardiente.

Lena asintió con la cabeza, sintiendo cómo se acumulaba la humedad entre sus muslos. Sus labios tocaron su cuello, provocando un estremecimiento que recorrió todo su cuerpo.

—Sí —gimió cuando su lengua rozó la vena palpitante. El veneno actuaba más deprisa de lo que esperaba: cada nervio de su cuerpo ardía con un fuego vivo.

Marek descendió, y sus labios y su lengua trazaron un camino por su vientre. Lena se retorcía bajo él, sintiendo cómo el deseo crecía hasta volverse incontrolable.

«Es una maldición familiar», se le pasó por la mente cuando sus dientes mordisquearon suavemente el lóbulo de su oreja. —«Veneno en las venas, deseo en el corazón…»

De repente, Marek se incorporó sobre los codos, mirándola fijamente a los ojos. Su mirada era una mezcla de lujuria y algo… ¿tierno? Lena no estaba segura, pero en aquel momento no importaba.

«Me entrego por completo a ti», pensó cuando sus manos encontraron sus zonas más sensibles. Sus movimientos eran precisos, casi científicos, pero despertaban en ella un placer salvaje y primitivo.

Una oleada de calor tras otra inundaba su cuerpo. Lena gritó suavemente cuando Marek encontró el punto más sensible. Su nombre se escapó de entre sus labios entreabiertos.

Y entonces… explotó. El mundo dio vueltas y ella se elevó sobre las olas del placer, gritando su nombre. Marek se unió a ella un instante después, penetrándola con fuerza, como si quisiera unirse a ella para siempre.

Cuando cayeron exhaustos sobre el sofá, Lena sintió cómo su corazón latía junto al suyo. Abrió los ojos y miró al techo: la luna brillaba intensamente, iluminando sus cuerpos entrelazados.

«No fue un accidente», pensó, sintiendo lágrimas de felicidad en las mejillas. «Es el destino».

Marek apartó un mechón de pelo de su frente. Su tacto era delicado, lleno de una ternura que ella no esperaba.

«La maldición», susurró, como si le leyera el pensamiento. «Pero a veces las maldiciones se convierten en bendiciones».

Lena sonrió débilmente, acurrucándose contra él. En aquel momento, en un laboratorio lleno de tubos de ensayo y venenos, se sentía a salvo.

«Empecemos un nuevo experimento», susurró, mirándolo a los ojos. «Uno que nos transforme a los dos».


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