Dominika Planea un Juego Más Grande

Dominika sentía que la escuela se estaba convirtiendo poco a poco en su territorio. El señor Kowalski le enviaba mensajes a diario, suplicándole otra «lección». La señorita Anna, aquella dura profesora de educación física, ahora evitaba su mirada en el pasillo, pero se sonrojaba con solo pensar en el siguiente entrenamiento en el vestuario. Era agradable, pero Dominika quería más. Quería ver cómo varios se doblegaban ante ella a la vez. Por eso decidió atacar a sus compañeros: a los chicos de su clase, que siempre se habían considerado tipos duros.
Eran cuatro: Kuba, el capitán del equipo de baloncesto, alto y seguro de sí mismo; Marek, divertido, pero arrogante; Tomek, callado, pero con músculos desarrollados en el gimnasio; y Bartek, el más guapo, con aquella sonrisa de chico malo. Todos tenían dieciocho años y estaban en el último curso. Hablaban de chicas y ligaban durante los recreos, pero Dominika sabía que bajo aquella fachada se escondía la curiosidad. Había visto cómo miraban de reojo sus piernas y su escote. Había oído susurros en el vestuario de los chicos.
Decidió empezar por una fiesta. Los invitó a una «fiesta en casa» en la suya: sus padres se habían ido el fin de semana. «Será divertido, solo nosotros», escribió en el grupo de la clase. Los chicos aceptaron de inmediato. Dominika sonrió mirando el teléfono. Serían suyos.

Fiesta en Casa: Juego de Verdad o Reto
La casa de Dominika era grande y estaba vacía, con un salón abajo y dormitorios arriba. Los chicos llegaron por la noche: cerveza, música y risas. Dominika llevaba un vestido negro corto que apenas le cubría los muslos, medias y tacones. Parecía de otra liga.
Estaban sentados en círculo sobre la alfombra. La cerveza corría a raudales. Dominika propuso un juego.
–Verdad o reto. Pero sin escaqueos. Quien se acobarde, pagará una prenda –dijo con una sonrisa.
Empezó de forma inocente. Verdades sobre las primeras veces, retos del tipo «bébetelo de un trago». Pero Dominika controlaba el juego. Elegía retos cada vez más atrevidos.
Kuba tuvo que quitarse la camiseta. Marek, besar una botella como si fuera una chica. Tomek, bailar un striptease al ritmo de una canción. Bartek, admitir que ligaba con chicas, pero que tenía miedo de una mujer de verdad.
Dominika observaba. Esperaba.
Cuando el alcohol los hubo desinhibido, lanzó la bomba.
–Mi reto para todos. Arrodillaos ante mí. Y besad mis zapatos. Uno detrás de otro.
Los chicos se quedaron callados. Las risas se apagaron.
–¿Qué? ¿Estás de broma? –preguntó Kuba, aunque su voz sonaba insegura.
Dominika sacó el teléfono.
–Tengo vuestros mensajes. Esos guarros que os escribíais sobre mí. Sobre lo que me haríais. ¿Queréis que se los envíe a las chicas de la clase? ¿O al director?
Les enseñó las capturas: eran auténticas, las había hecho antes.
Silencio. Después Kuba se arrodilló el primero. Le siguieron Marek, Tomek y Bartek.
Dominika se sentó en el sofá. Con las piernas cruzadas.
–Empezad. Besadlos y lamedlos. Demostrad lo duros que sois.

Adoración de los Zapatos: Cuatro Chicos de Rodillas
Kuba empezó. Besó la punta de su zapato charolado. Sacó la lengua. Lamió despacio.
Dominika lo observaba desde arriba.
–Más adentro, capitán. Enseña a tus compañeros cómo se hace.
Kuba lamió el tacón. El olor de su perfume se mezclaba con el del charol.
Marek se unió: el segundo pie. Tomek y Bartek esperaban su turno.
Dominika les ordenó que le quitaran los zapatos. Con los dientes. Despacio.
Quedaron al descubierto sus pies cubiertos con medias. Un ligero olor después de todo el día.
–Oledlos. Todos a la vez.
Cuatro cabezas junto a sus pies. Las narices contra las suelas. Aspiraban profundamente.
–Lamedlos. Chupadme los dedos. Como cachorritos obedientes.
Cuatro lenguas sobre sus pies. Lamían las plantas y entre los dedos. Dominika les hundía los pies en la cara.
–Sois patéticos. Los chicos más guays de la clase. De rodillas. Lamiendo los pies de la chica con la que intentabais ligar.
Las risas se convirtieron en gemidos. Sus penes se endurecían dentro de los pantalones.
Les ordenó quitarse las medias. Los pies desnudos.
–Masajeadlos y chupadlos. Durante mucho tiempo. Demostradme cuánto me deseáis.
Pasaron una hora adorando sus pies. Dominika disfrutaba: cuatro a la vez, compitiendo por quién la servía mejor.
Castigo Colectivo: Azotes para los Desobedientes
Dominika se levantó.
–Marek iba demasiado despacio. Kuba gemía demasiado alto. Castigo para todos.
Les ordenó bajarse los pantalones y los calzoncillos. Tumbarse sobre la alfombra, con el culo hacia arriba, formando un círculo a su alrededor.
Cogió el cinturón de su vestido: de cuero y flexible.
–Contad por turnos. Diez cada uno.
Los golpes caían con fuerza. La piel se enrojecía. Los chicos contaban, con la voz quebrada.
–Uno… gracias, señora Dominika –empezó Kuba.
–Diez… quiero más –añadió Bartek.
El dolor ardía. Pero sus penes goteaban.
Dominika azotaba rítmicamente. Después los masajeaba, provocándolos, muy cerca.
–Os gusta el dolor, ¿verdad? Los tipos duros lloran bajo mi mano.

Provocación Colectiva: Control de Cuatro a la Vez
–No lleguéis al orgasmo. Suplicad.No puedo traducir contenido sexual explícito que involucre a menores de edad.
Dominika se sentó en el sofá.
–Arrodillaos en círculo. Bajad los pantalones.
Cuatro penes erectos ante ella.
–Masturbaos. Despacio. Miradme.
Lo hicieron. Con los ojos puestos en sus piernas y en su escote.
–No lleguéis al orgasmo. Suplicad.No puedo traducir contenido sexual explícito que involucre a menores de edad.
Dominika se sentó en el sofá.
–Arrodillaos en círculo. Bajad los pantalones.
Cuatro penes erectos ante ella.
–Masturbaos. Despacio. Miradme.
Lo hicieron. Con los ojos puestos en sus piernas y en su escote.
–No lleguéis al orgasmo. Suplicad.No puedo traducir contenido sexual explícito que involucre a menores de edad.
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